viernes, 16 de octubre de 2009

Cuento para buscar distintos finales.

Hola de nuevo, aquí os dejamos un cuento cuya autora es nuestra profesora de 2º de Primaria.Ella ha comenzado el cuento pero ahora os toca a vosotros/as ponerle un final. Esperamos tenga muchas y diferentes versiones.

“OS CUENTO LO QUE OCURRIÓ”

Todo era felicidad en el lago por primavera. Mamá cisne había estado encubando durante 21 largos días sus blancos y resplandecientes huevos, y por fin, uno a uno fueron saliendo sus polluelos. ¡Qué orgulloso se sentía el papá! Miraba con arrobo y ojos llenos de amor a su esposa, satisfechos ambos del trabajo bien hecho. Después de presentar llenos de satisfacción a los nuevos miembros de la familia a cuantos animales, aves o no, desfilaban por la orilla del lago, el cisne macho salió a buscar algunos gusanos para dar el desayuno a su tropa. Tuvo que hacer varios paseos al nido, pues ya eran familia numerosa. Cinco hermosos polluelos, y una madre con un apetito voraz tras el esfuerzo.
- ¡Toma, mamá! Te lo has merecido. Además de un buen bocado, su esposo la traía una preciosa flor silvestre, color lila, que ella se puso entre las plumas de la cabeza para lucirla mejor.
- ¡Gracias, cielo! Pero será mejor que nos pongamos a trabajar. Tenemos que bañar a los niños y empezar con las clases de natación. Tienen que crecer sanos y fuertes, que enseguida llega el otoño y tenemos que volver a África.
Así, felices y contentos, fueron pasando los días. Aprendieron a nadar y a volar con soltura, y los pequeños pollitos se convirtieron en preciosos cisnes de cuello largo y bien peinado. Sus padres estaban encantados con su belleza y simpatía, que todas las demás aves de la marisma comentaban, pero, …, un día ….
- ¡Mamá, papá, venid corriendo! Pichí no puede levantarse del suelo. Estábamos haciendo una apuesta a ver quién llegaba mas lejos volando, y al ir a posarse en el álamo, ha resbalado y se ha caído.
¡Dios mío!, exclamó mamá cisne, justo ahora que se acerca el frío y tenemos que marcharnos. ¡Qué contrariedad!
Efectivamente, como sospechaban, el pequeño cisne blanco, de un blanco impecable y luminoso, lloraba tirado en el suelo sin apenas poder moverse.
- ¡Papá, mamá, me duele mucho el ala izquierda! ¡Creo que no la puedo mover!
Después de estar un buen rato probando a ponérsela derecha, los padres cisnes tuvieron que admitir que el ala de su pequeño estaba rota.
- ¡Qué haremos ahora, querido! ¡Cómo vamos a cruzar España de Norte a Sur, si Pichí no puede volar!
- No pierdas la esperanza, amor mío. Veremos si el Gran Cisne Negro, que tiene mucha experiencia, nos puede ayudar. Voy al lago a buscarle.
Pero no hubo forma. El ala se había roto por dos partes y era imposible que Pichí volara.
Hicieron pruebas de cargar con él a ratitos. De llevarle cogido entre dos de sus hermanos, pero nada, no podían con su peso. Pichí se caía y corrían el riesgo de tener un accidente grave los demás.
Tras muchas deliberaciones, llegó el momento de tomar una decisión. Tendrían que irse sin él. El frío empezaba a arreciar. La comida escaseaba, y la mayoría de las aves ya habían emigrado de las Marismas de Santoña. Sólo unas pocas iban a pasar el invierno en Cantabria, aún a riesgo de fallecer. Ya eran muy mayores y no tenían suficientes fuerzas para llegar al Continente Negro.
Pichí vio marcharse a sus queridos papás, a sus hermanos, todos llorosos y prometiéndole que la próxima primavera se verían, que le querían mucho y regresarían pronto,…
Pichí se queda solo. ¿Qué va a ser de mí? pensaba…

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